GRAMO: EL DIÁLOGO ENTRE LA ARQUITECTURA, EL DISEÑO MEXICANO Y LA MAESTRÍA JAPONESA

The Walk
GRAMO: EL DIÁLOGO ENTRE LA ARQUITECTURA, EL DISEÑO MEXICANO Y LA MAESTRÍA JAPONESA

Imágenes cortesía de la marca

¿Qué sucede cuando más de un siglo de herencia en la salud visual choca con la necesidad imperante de crear identidad? La respuesta es GRAMO, una firma contemporánea de lentes de lujo que desafía el frenesí de las modas pasajeras para crear auténticos objetos de permanencia. Nacida de la inquietud por rescatar el armazón tradicional de su plano estrictamente médico, la marca ha forjado un lenguaje propio donde los lentes dejan de ser solo una herramienta para convertirse en una extensión cultural del rostro.

Para lograrlo, GRAMO ha tendido un puente fascinante entre dos mundos aparentemente opuestos: la intuición libre del diseño mexicano y la rigurosa precisión de la manufactura artesanal japonesa, trabajando mano a mano con los legendarios talleres de Sabae, en Fukui. El resultado son armazones de acetato con un nivel de pulido y equilibrio micrométrico que trasciende las temporadas y se conciben bajo una filosofía anti-tendencia: piezas creadas para ser heredadas.

En esta profunda conversación, los fundadores de la marca nos revelan cómo traducen el espíritu y la historia de las calles de la Ciudad de México en diseño ergonómico. Además, nos adentran en su más reciente hito creativo: el acceso al archivo inédito del icónico arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Descubre cómo lograron el monumental reto de destilar los principios de la gran arquitectura mexicana en objetos de apenas unos cuantos gramos, convirtiendo cada par de lentes en una verdadera pieza de "arquitectura portátil".

THE WALK (TW): Llevan el peso de una herencia familiar de más de 100 años en la salud visual. ¿Hubo algún momento de ruptura o epifanía que los hizo darse cuenta de que el modelo tradicional ya no era suficiente y que debían crear su propio lenguaje a través de GRAMO?

JAVIER Y DIEGO GRAUE (JyD): Nuestra familia lleva más de un siglo dedicada a la salud visual. A nosotros, en particular, nos atraviesa; lo respiramos desde que nacimos. Crecimos con los consultorios, los lentes, las conversaciones sobre graduaciones, cirugías y un largo etcétera. Pero con el tiempo entendimos que ese mundo en particular no era precisamente el nuestro. Ese mundo tradicional resolvía una necesidad médica, pero rara vez pensaba en los lentes como un objeto cultural.

La epifanía no fue un momento dramático, sino una acumulación de preguntas: ¿por qué un objeto que vive en el rostro —tan íntimo, tan visible— se diseñaba casi siempre desde la funcionalidad y no desde la identidad? GRAMO nace precisamente de esa inquietud: tomar ese legado técnico y llevarlo hacia el terreno del diseño y la permanencia.

TW: La marca habla sobre el "diálogo creativo" entre la inventiva mexicana y la disciplina japonesa. En la práctica, al trabajar con los talleres de Sabae, ¿cómo se negocia el diseño cuando la visión estética mexicana se topa con la rigidez y el perfeccionismo técnico de los artesanos de Fukui?

JyD: El diálogo con los talleres de Sabae es profundamente interesante porque parte de dos sensibilidades distintas. En México solemos trabajar desde la intuición, la referencia cultural y cierta libertad formal. En Japón, particularmente en Fukui, todo pasa por el filtro de la precisión.

Al inicio uno propone una idea con cierta libertad, pero los artesanos la examinan desde la ingeniería del objeto: espesores, tensiones del acetato, tolerancias de los ensambles. En ese intercambio ocurre algo muy valioso: a pesar de las capas que hay detrás, el diseño se depura y se materializa. Lo que llega al producto final es una síntesis entre intuición y disciplina. Y ese compromiso nos encanta.

TW: Su manufactura involucra procesos artesanales que pasan de generación en generación en Japón. ¿Existe algún detalle técnico específico en el pulido, los ensambles o el acetato de sus armazones que solo un ojo verdaderamente educado en la construcción de lujo podría notar?

JyD: Hay muchos detalles que pasan desapercibidos para la mayoría de las personas, pero que para nosotros son fundamentales. Uno de ellos es el pulido del acetato. En Sabae, los armazones pasan por un proceso de pulido en barriles durante, literalmente, días. Ese tiempo es lo que genera un brillo profundo y una suavidad en los bordes que difícilmente se logra con procesos industriales rápidos. La subespecialización en los talleres de Japón es fascinante; hay una responsabilidad clara en cada milímetro del armazón.

Otro detalle es el equilibrio del armazón. Un buen lente no solo se ve bien: desaparece en el rostro. Eso depende de micrométricas decisiones en peso, bisagras y curvatura. Son cosas que no necesariamente se ven de inmediato, pero que, puestas en el cuerpo, se reconocen. Un buen armazón se siente equilibrado y “desaparece” en el rostro; aunque sea una pieza con un diseño extravagante, se funde con su portador.

TW: En una industria que a menudo respira a través del frenesí de las colecciones de temporada, GRAMO busca explícitamente trascender las modas y crear piezas para ser heredadas. ¿Cómo se construye y se mantiene la relevancia de una marca de lujo contemporánea cuando su filosofía es, en esencia, anti-tendencia?

JyD: La industria de la moda vive en ciclos muy rápidos. De origen no nos identificamos con ese ritmo. Nosotros nos sentimos más cercanos a disciplinas como la arquitectura o el diseño industrial, donde las piezas se conciben para durar décadas. No buscamos responder a la temporada, sino a la proporción, la materialidad y el carácter. Si un objeto está bien resuelto en esos tres niveles, puede trascender la moda.

La relevancia, curiosamente, viene de esa misma postura: cuando una marca no corre detrás de las tendencias, termina construyendo una identidad reconocible. Y eso es muy digno y merece el mayor de los respetos; por eso es una filosofía que procuramos vivir en nuestra práctica formal.

TW: Sus armazones llevan nombres de calles y monumentos de la Ciudad de México. Al diseñar un modelo específico pensando, por ejemplo, en la colonia Juárez o Peñón de los Baños, ¿traducen la arquitectura de la zona al armazón, o es más bien una captura de la actitud y el estilo de vida de quienes transitan por ahí?

JyD: Los nombres de calles y colonias de la Ciudad de México son una forma de anclar cada pieza a un contexto cultural. Trazamos una cartografía histórica y cultural de la ciudad; es nuestro archivo de espacios y monumentos que hacen un mapa atemporal de la ciudad que nos dio vida. También intentamos capturar una atmósfera.

La Juárez, por ejemplo, tiene una mezcla particular de historia y contemporaneidad; Peñón de los Baños tiene otra relación con la herencia cultural, un arraigo profundo a pesar de las transformaciones en la ciudad. Los armazones intentan capturar ese espíritu urbano más que traducir literalmente una referencia como tal.

TW: La obra de Pedro Ramírez Vázquez es monumental; definió el paisaje urbano de México a gran escala. ¿Cuál fue el mayor reto técnico y estético al tomar conceptos arquitectónicos de esa magnitud y destilarlos en un objeto ergonómico de unos cuantos gramos, sin perder su peso histórico?

JyD: La obra de Pedro Ramírez Vázquez tiene una presencia monumental en la historia urbana de México. Una de nuestras lecturas es la extraordinaria visión para crear espacios para la práctica de ritos que nos forman como sociedad mexicana: el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe, el Museo Nacional de Antropología. Religión, deportes y cultura.

El reto fue entender cuáles de sus principios podían sobrevivir al pasar de la escala arquitectónica a la escala del rostro. No se trata de miniaturizar edificios, sino de identificar gestos estructurales: proporción, ritmo, geometría. Al final, el desafío es traducir esa monumentalidad en algo extremadamente ligero: un objeto de apenas unos gramos que, sin embargo, conserve una cierta dignidad estructural.

TW: Tener acceso al archivo de una de las mentes más brillantes de la arquitectura mexicana es un privilegio inmenso. Durante su proceso de investigación, ¿qué encontraron en los bocetos o apuntes de Ramírez Vázquez que definió por completo la dirección que pensaban tomar para esta colección?

JyD: Trabajar con el archivo fue una experiencia reveladora porque muestra el pensamiento detrás de las obras. Es ser testigo de las semillas. Más que la obra terminada, lo que nos interesó fueron los bocetos. En ellos aparece una forma de pensar muy directa: líneas claras, estructuras definidas, claridad de visión para un gran proyecto.

Eso nos confirmó que la colección debía evitar el exceso. Ramírez Vázquez tenía una claridad conceptual muy fuerte, y quisimos que los armazones reflejaran esa misma economía formal, rindiendo un homenaje a la forma que él mismo utilizaba en esa etapa constructiva de su vida.

TW: Ustedes conciben los lentes como un símbolo de identidad y de legado. Al materializar el archivo de Ramírez Vázquez a través de la manufactura artesanal japonesa, ¿qué nueva lectura o 'segunda vida' esperan darle a la visión del arquitecto para las nuevas generaciones que usarán estas piezas?

JyD: Para nosotros esta colección es una forma de activar el archivo en otro contexto. De revivirlo y, desde nuestro oficio, resignificarlo. La arquitectura suele experimentarse desde la distancia: caminando frente a un edificio o recorriendo un museo. Un lente, en cambio, vive en una escala íntima. Está en el rostro, en la vida cotidiana.

Lo que esperamos es que esta traducción permita que las ideas de Ramírez Vázquez circulen de una manera distinta: no solo como memoria histórica, sino como objeto vivo, usado todos los días por nuevas generaciones, como una ventana puesta en tus ojos. En ese sentido, los lentes se convierten en un guiño de arquitectura portátil.